jueves, 3 de noviembre de 2016

Mateo Kovacic y André Gomes, dos monedas con la misma cara

Es indiscutible que Real Madrid y F.C Barcelona han contado con las dos mejores plantillas de Europa durante el último lustro. El mero hecho de contar con la MSN o la BBC te hace elevar la calidad del plantel por encima de la gran mayoría de equipos que disputan la UCL. El tercero en discordia, Bayern de Múnich, ha seguido llegando a semifinales de Champions por tres cosas: Guardiola, tener un campeonato de liga poco competitivo y el fondo de armario. Me interesa esta última, y es que sin ella no se explica que un equipo a menudo sin Robben y Ribéry (sus dos jugadores más dominantes durante muchos años) se plante una y otra vez entre los cuatro mejores de Europa. Dicho esto a mí me parece que el Atlético ha ocupado el lugar de los bávaros en el pódium de la calidad individual, pero ese es otro tema.

Si ninguno de los dos mejores equipos del mundo no han ganado dos Champions seguidas es justo por la falta de recursos en el banquillo. El croata Mateo Kovacic y el portugués André Gomes llegaron a sendos equipos para solucionar justo esto.

Kovacic llega a un equipo que había dominado de forma abrumadora durante los primeros meses de la campaña anterior (2014-2015) pero que a partir de enero cayó estrepitosamente por el cansancio de Kroos y la lesión de Modric, que dejaban un Real partido en dos. El Madrid fichó un jugador por línea, pero la que más refuerzo necesitaba era la medular, y por ello se recuperó a Casemiro junto al fichaje de Mateo.


Un caso similar en cuanto a la falta de banca vivió el Barça la temporada pasada. Después de un mes de diciembre demencial de Neymar en ausencia de Messi por lesión, parecía que a la vuelta de D10S los de la ciudad condal se iban a llevar el triplete de calle. Al final, como todos sabemos, no fue así. La vuelta de Leo lo complicó todo, Ney desapareció del campo -todo lo que puede desaparecer una estrella de su calibre- y el equipo con dinámica de volcar su juego a la izquierda se descompuso. El problema principal era que si el planteamiento inicial fallaba era muy difícil cambiarlo desde el banquillo porque ninguna de las piezas allí presentes podían mejorar el juego culé. Finalmente se ganó la liga porque así lo quiso Suárez y la copa porque así lo deseo Andrés Iniesta –cuyo año natural 2016 me parece el más regular y completo de su carrera-.

En estas se encuentran Mateo y André, a priori los dos fichajes de mayor calidad de sus equipos el año que fueron adquiridos, pero ¿Qué se esperaba de ellos? ¿Qué han aportado que dé una diferencia cualitativa a ambas plantillas?


Supongo que del croata se esperaba un trabajo de despliegue físico similar al de Di María en 2014. Kovacic impediría una ruptura tan abrupta entre la medular y los de arriba gracias a su capacidad de ida y vuelta y a poder ocupar un espacio intermedio entre ambas líneas en la presión. Sin embargo, en ataque no se me ocurre qué planes tenía Benítez para él, ya que su mayor virtud, la conducción la solapaba su compatriota Luka Modric. De la temporada pasada hay pocos ejemplos de lo que Kovacic puede sumar, ya que contó con muy pocos minutos. Este año por el contrario ha cogido cierto peso en el equipo en gran parte por las pruebas que se ha visto obligado a hacer Zidane por la lesión de Casemiro y, posteriormente, la de Modric. Estos últimos meses nos han dejado ver que Mateo es una cabra loca en defensa, acude a todas las zonas que le rodean de forma similar a Kanté –un jugador de poco poso táctico- pero a destiempo y sin la calidad defensiva que atesora el francés. Esa predisposición a ir siempre a por el balón crea boquetes en el sistema defensivo merengue y deja desprotegida la frontal a falta de Casemiro. En ataque deja luces y sombras. El chico es un virtuoso de la conducción a campo abierto y la llegada a la frontal, pero su poca predisposición táctica –recibe pocos balones en ataque posicional porque no sabe dónde situarse- y su poca finura con el pase en espacios cerrados le penalizan mucho en el ataque estático. Quizás donde más esté rindiendo es al lado de Kross en un 4-2-1-3 con Isco de mediapunta, ya que tiene muchas menos responsabilidades por la voluntad del malagueño de moverse por toda la medular pidiendo el balón para plantar al Madrid en el frente de ataque.

Aunque sean jugadores con virtudes bastante diferentes, sus casos vienen a ser muy similares. De André se esperaba que desahogase la carga de minutos de Iniesta y que la estructura culé no sufriese demasiado sin el manchego en el campo. Gomes no era un jugador habituado a atacar en posicional, pues sus virtudes, que son la capacidad de girar y batir línea en la medular y llegar a la frontal o el pico del área con opción de pase o disparo, se desarrollan mejor con más espacios de los que le permite el Barça en estático pero menos de los que le permite a la contra –desde que Luis Henrique llegó al banquillo el contragolpe es un arma más-. Sin embargo, desde el club azulgrana se ha confiado en una adaptación del portugués a este estilo, pues se intuye que puede adquirir la capacidad asociativa necesaria para habitar el mediocampo. El problema es que la lesión de Messi y la más reciente –y relevante para él- de Iniesta han obligado a que André entre en el esquema demasiado pronto. La situación que nos encontramos es que Busquets no encuentra a nadie en la salida en la salida de balón porque Gomes, Arda y Denis Suárez están habituados a recibir más arriba, por lo que la medular no existe en estas situaciones y el Barça se precipita a encontrar a Ney o a Leo rápidamente. Dicha tesitura no está preparada para el actual André Gomes, que solo recibe balones cuando el equipo logra situarse en campo rival y la MSN no tiene vía libre para atacar el arco. Ha demostrado que también puede ser un llegador sin balón, pero Rakitic es uno de los mejores del mundo en esta disciplina y le quita espacio a la espalda de los mediocampistas rivales.



Sin duda tanto Kovacic como Gomes son dos proyectos de futbolistas muy interesantes, pero todavía no han dado lo que se espera de ellos, quizá porque no puedan desempeñar esos papeles o porque les falta para llegar a ello, el tiempo dirá 

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